Partimos del convencimiento de que la pretensión de neutralidad, en cualquier campo de las realizaciones humanas, es irreal. No existe una “educación neutra”. Los procesos educativos comportan, necesariamente, la presencia de valores, principios y compromisos.
Este equipo educativo asume de manera consensuada y se compromete a defender, implicarse y ejercer – para, así, transmitir – los valores que, a continuación, se definen y las prácticas que de ellos derivan.